Los sacramentos son signos visibles instituidos por Jesucristo para comunicarnos la gracia de Dios. No son símbolos vacíos: son acciones reales de Dios en el alma.
La Iglesia Católica reconoce siete sacramentos, que acompañan al cristiano en los momentos más importantes de su vida.
Es el primer sacramento y la puerta de entrada a la vida cristiana. Borra el pecado original, nos hace hijos de Dios e incorpora a la Iglesia.
Fortalece la fe recibida en el Bautismo, nos da el Espíritu Santo y nos hace testigos de Cristo.
Es el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. El sacramento más importante: produce unión íntima con Jesús y es el alimento del alma.
El sacramento del perdón de los pecados. Produce reconciliación con Dios y paz interior.
Sacramento para quienes están enfermos o en peligro. Da consuelo espiritual, perdón de pecados y fortaleza en el sufrimiento.
El sacramento por el cual algunos hombres son consagrados sacerdotes para celebrar la Eucaristía, perdonar pecados y guiar al pueblo de Dios.
La unión indisoluble entre un hombre y una mujer bendecida por Dios, fuente de gracia para vivir en amor y formar la familia.
Los sacramentos son medios reales de salvación. Dios no nos dejó solos: nos dejó los sacramentos para encontrarnos con Él.
«El que coma mi carne y beba mi sangre tiene vida eterna.» (Juan 6,54)